El hecho sucedió hace dos semanas, mientras Héctor Frete y unos amigos salieron a cazar en la zona de La Adela, y todo se complicó cuando dos jabalíes emprendieron su furia contra los cazadores y allí mataron a dos de los perros. Esto hizo que los cazadores se separaran y Héctor decidió subirse a un árbol, con la mala suerte que cayó al piso y eso le provocó quebraduras en la rodilla y el fémur y ni se podía arrastrar
Desamparado y sin víveres, contaba solo con la compañía de uno de los perros que se había logrado salvar de los ataques del jabalí. El animal le brindó calor durante la noche y en la mañana se marchó.
Un día más duró la incertidumbre hasta que su fiel compañero retornó. Y no lo hizo solo. Con él arribaron al lugar un grupo de brigadistas y sus dos compañeros de caza, entre ellos Gabriel Gorosito, el dueño de Blanquito, de cuatro años. “Es una mezcla entre galgo y dogo que siempre nos acompaña en las salidas de caza” explica. Y atribuye su actitud protectora al trato que recibe. “Para mí él y los otros (Gabriel tiene varios perros más) son como seres humanos,” agrega.
Ahora Héctor, con varios clavos en su pierna derecha, no ve la hora de dejar el Hospital Penna de Bahía Blanca, su provisorio hogar dentro de los próximos treinta días, para reencontrarse con su salvador para acariciarlo y agradecerle.
Dos enseñanzas le dejó la odisea que lo puso al borde de la muerte: el espíritu de compañía del animal y la inconsciencia de internarse en el monte sin los elementos apropiados. Por eso dice que no va a volver a cazar. “Y les pido a los que lo hagan, que lleven todo lo necesario. No hagan como hice yo”, recomienda. Y por supuesto, no se olviden de llevar perro.
Fuente: www.clarin.com
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